“La casa de Pampa y Estomba, donde vivíamos con Fito y Fabi…”

Fito me llamó por teléfono a principios de 1984, estaba buscando bajista para armar su primera banda en vivo y me había visto tocar en Obras con Celeste Carballo.

Alto ahí ¡Retrocedamos! No es una novedad que “El amor después del amor”, la serie autobiográfica de Fito Paez, se convirtió en una de las más vistas en lengua hispanohablante de netflix a nivel mundial. 

Pero algo que quizás no sabían, es que Paul Dourge, excelente músico y profesor de Tamaba, fue bajista de la banda de Fito Páez por años. Y en este artículo les compartiremos un poco de lo que fue la entrevista con él.

-Paul, primero contanos sobre tus comienzos en la música ¿Cómo empezaste y en qué momento decidiste que esto era lo tuyo?

Mi primera profesora de música fue una gran pianista llamada Lita Spena y luego, paralelamente, estudié bajo con Machi Rufino.

A los 19 años me encontraba viviendo en París, cursando mi primer y único año de derecho en la universidad René Descartes, y en las noches y fines de semana tocaba en los andenes de subte con músicos norteamericanos que vivían la “bohemia” en París. Al finalizar ese año, ya estaba decidido que yo quería ser músico profesional y que ese sería mi camino.

-¿Cómo conociste a Fito Páez y cómo fue que comenzaron a trabajar juntos?

Fito me llamó por teléfono a principios de 1984, él estaba buscando bajista para armar su primera banda en vivo. Me contó que me había visto tocar con Celeste Carballo en Obras, así que nos encontramos en un bar que estaba en la esquina de Montevideo y Paraguay para charlar.

-Trabajaste con Fito en tres etapas distintas, contanos un poco sobre eso.

Sí, fui bajista de Fito en tres etapas. La primera fue en los años 1984 y 1985, antes de jugármela y solicitar la beca para Berklee e irme a estudiar allá.

Luego, hice toda la gira de “El amor después del amor” desde 1992 hasta principios de 1994. En el 92 cuando grabaron el disco yo me encontraba viviendo en Zurich, Suiza, pero poco después me llamaron para proponerme hacer la gira con la banda.

Y la última etapa fue desde mediados del 2006 hasta principios del 2007. 

Tengo muchos buenos recuerdos y anécdotas, demasiados para contar, pero cada etapa tuvo sus lindos momentos.

¿Qué podés contarnos de Fito como persona, músico y compañero?

Siempre fue un tipo muy seguro de sí mismo y sabía lo que quería. En la primera etapa era más ingenuo como todos, y luego se convirtió en la gran estrella que es hoy en día. Pero siempre tuvo muy claro lo que quería y estaba convencido de que le iba a ir bien.

Más allá de compartir escenario con Fito Páez, viviste con él y con Fabiana Cantilo. ¿Cómo sucedió esto y cómo era la convivencia entre los tres músicos?

Fabi y Fito estaban buscando casa y la idea era armar la sala de ensayo ahí mismo. Yo también tenía que alquilar un departamento, así que unimos fuerzas y buscamos una casa juntos.

La casa de Pampa y Estomba donde viví con Fabi y Fito fue la segunda que vimos. La primera, que estaba cerca de Monroe y Cabildo no nos convenció.

Lo bueno de este lugar era que yo vivía en un cuarto alejado, con baño propio y era como vivir en dos casas separadas, a veces comíamos juntos pero no tan seguido, y la sala de ensayo la armamos Alejandro Avalis, Raúl, el papá de Tweety Gonzalez y yo en el living.

La verdad es que nunca tuvimos ni una discusión, la convivencia fue excelente. Como les decía, yo vivía muy recluido en mi cuarto alejado, siempre transcribiendo música y sacando solos de Charlie Parker.

Viví con ellos en Belgrano R unos 7 u 8 meses, porque luego me mudé a la casa de Luis Alberto Spinetta, quien me convenció para que me fuera a vivir con él y así ensayar juntos ahí mismo, pero después de un mes me fui a un monoambiente en el centro.

¡Te mudaste de lo de Fito Páez para ir a vivir con Luis Alberto Spinetta! ¿Qué dijo Fito en ese momento?

La verdad no lo recuerdo pero él nunca demostró celos por el hecho de que yo me fuera a tocar y vivir con Spinetta, por que yo sabía que Luis Alberto no tocaba tan seguido y, gracias a la ayuda de sus managers, pude ser bajista de ambos simultáneamente durante el año 1985.

Te ha tocado subir al escenario y tocar para un público multitudinario, ¿Cómo lo vivías?

En La Plata y en La Habana, según nos dijeron, había 100 mil personas. ¡Increíble! Se siente la energía y hasta el olor de la gente cuando el viento sopla hacía el escenario.

¿Cómo se preparaban para estos conciertos? ¿Tenían alguna cábala o ensayo especial previo?

Con Fito siempre se ensayó mucho, para la gira de El amor después del amor tuvimos un mes entero de ensayos. Pero no, no teníamos ningún ritual ni cábala, tan solo subir a tocar y disfrutar del momento. 

¿Volverías a trabajar con Fito?

Sí, ¿por qué no? Él es un groso total, un fuera de serie. No depende de mi, hoy lo veo posible pero poco probable. Si un día me llegara a necesitar, sería absurdo decirle que no.

¿Te quedó alguna cuenta pendiente a nivel profesional?¿Alguna meta por cumplir?

Sí, pasar un tiempo en Brasil y tocar con músicos de allá. Amo Brasil, su música y su cultura, así que sí, esa sería mi cuenta pendiente.

También espero algún día tener la oportunidad de re-editar un disco que grabé hace muchos años cuando “My Brazilian Jazz”, un disco que grabé hace muchos años cuando vivía en USA.

Pero en este momento soy docente de manera particular y por sobre todo en el instituto terciario Tamaba en el cual me siento muy a gusto, valorado y respetado tanto por el alumnado como por los colegas docentes y el equipo administrativo. Y muy pronto voy a entrar a un estudio para grabar temas míos en estilos Latin Jazz, Latin Funk, Candombe Jazz.

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